Lección 2: Una herencia incorruptible

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 1 Pedro 1:1, 2; Juan 3:16; Ezequiel 33:11; 1 Pedro 1:3-21; Levítico 11:44, 45; 1 Pedro 1:22-25.

PARA MEMORIZAR:
“Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 Ped. 1:22).

CUANDO ESTUDIAMOS LA BIBLIA, especialmente al enfocarnos en un libro o incluso una sección de un libro, algunas preguntas deben ser respondidas, de ser posible.
Primero, sería bueno saber cuál era el público al que estaba dirigido el libro. Segundo, y quizá más importante aún, sería bueno saber cuál fue el motivo preciso para escribir. ¿Cuál era el problema específico (si lo había) que el autor deseaba abordar? (Como, por ejemplo, el interés de Pablo en escribir a los Gálatas sobre los errores teológicos que se enseñaban acerca de la salvación y la Ley.) Como sabemos, gran parte del Nuevo Testamento fue escrito como epístolas, o cartas, y las personas generalmente escriben cartas a fin de transmitir mensajes específicos a los destinatarios.
En otras palabras, al leer las epístolas de Pedro, sería bueno conocer, lo mejor posible, el contexto histórico de sus cartas. ¿Qué estaba diciendo, y por qué? Y, por supuesto, lo más importante de todo: ¿Qué mensaje podemos nosotros (a quienes, bajo inspiración, también fueron escritas) obtener de sus cartas?
Y, tal como pronto lo veremos, aun en los primeros versículos, Pedro tiene mucha verdad importante que revelar para nosotros hoy, siglos después de haber escrito.

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